La consciencia de la muerte nos acerca a la vida… al menos por un momento

La consciencia de la muerte nos acerca a la vida… al menos por un momento
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“La muerte sólo tiene importancia en la medida que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.” André Malraux

Recientemente leí una noticia de una chica que había sufrido un arrollamiento luego de una de estas carreras de bicicleta y había fallecido. Tenía algunos amigos comunes con esa persona y quise saber un tanto más de ella, por lo cual la busqué en redes sociales. Su último post era del día antes a la carrera y esta persona resaltó una y otra vez cómo los organizadores del evento habían arruinado su emoción por participar en el evento y su día en general, porque el short resultó ser más pequeño de lo que esperaba.

Eso me hizo inmediatamente reflexionar y no sé si ya para ustedes es evidente el mensaje que quiero transmitir. Más allá de lo lamentable que pueda ser cualquier pérdida humana, independientemente de las circunstancias, está el cómo nos amargamos la vida, cómo nos amargamos los momentos, las experiencias…

Si tan solo estuviésemos tan solo un poco más conscientes de la muerte, actuaríamos sin duda diferente, le daríamos otro valor a las cosas. Todo lo haríamos con la intención de sacar lo mejor de allí y dar lo mejor de nosotros. Y lo irónico es que vivimos desligados de lo único seguro que todos tenemos, que es ese fin de ciclo o como quieran llamarlo, ese punto en el que al menos como la conocemos la vida acaba y no tenemos ningún otro chance de nada.

No les podría aconsejar vivir cada día como si fuese el último, me parece que generaría, al menos a mí, un grado de estrés que no podría manejar de la mejor manera. Pero considero que sí debemos ser un poco conscientes de la fragilidad de nuestra existencia al momento de enfocar nuestra atención.

Volviendo al punto de la chica, ¿creen ustedes que si ella hubiese sabido que al día siguiente perdería la vida, se hubiese preocupado de tal manera por un short? ¿Le hubiese dado alguna importancia? ¡Por supuesto que no! Debemos tener filtros para decidir qué permitimos que nos afecte, mientras menos cosas tengan posibilidad de conectarnos con el malestar, ¡mejor!

Acostumbrémonos a enfocar de manera beneficios, a ver lo positivo, a mirar el lado de la historia que nos hace sentirnos bien, porque siempre, SIEMRPE, hay algo que podemos rescatar de lo que vivimos. Cuando enfocamos estamos dejando por fuera muchos elementos que también pertenecen a la realidad, pero les estamos restando valor, asegurarnos de que aquello a lo que no le dedicamos nuestro enfoque es justo lo que nos conecta con lo que nos hace sentir mal, es una manera de acercarnos a la felicidad, es la forma más inteligente de vivir y sin duda el puente a través del cual creamos y atraemos mejores experiencias a nuestras vidas.

Cada vez que nos sintamos incómodos por cómo estamos evaluando algo, cada vez que se nos haga difícil rescatar algo positivo, podemos pensar, si mañana muriese, ¿realmente me estaría preocupando por esto hoy? Tratemos de no ser extremistas y no salgamos corriendo a ver a nuestros seres queridos o tomar ese vuelo a esa ciudad que nos encantaría conocer, menos recomendable es llamar al jefe y decirle: sin duda esto no es lo que quiero hacer por el resto de mi tiempo, ¡renuncio!… Aunque bien podríamos tomar acciones al respecto, en relación a lo que le dedicamos nuestro tiempo.

Más allá de todo esto, lo que quisiera que hicieran al formularse la pregunta en relación a qué sería diferente si supiese que mañana será  mi día de partida, es redirigir el enfoque, ¿me estaría lamentando de no poder comprar un par de zapatos?, ¿estaría pendiente de con quién está hablando mi pareja?, ¿me amargara tanto con el desorden de los niños?, ¿dedicaría un solo minuto lamentándome de los errores de mi pasado?, ¿me amargaría porque no tengo un short de mi talla para una carrera?… Pues no.

Y de eso se trata, de tomar consciencia de nuestro paso fugaz por este plano y todo el tiempo y la energía que le dedicamos a cosas que no nos llenan, que no nos hacen sentir bien, teniendo siempre opciones para hacer lo contario.

Quizás no sea mañana que llegue la muerte a buscarnos, que nuestra alma decida que ya fue suficiente, pero va a pasar eventualmente y si aplicamos un tanto de esta consciencia a nuestras vidas, de seguro vamos a vivir de otra manera y el simple hecho de tener un día más, cargado de experiencias, de momentos, de personas, de milagros… y darnos cuenta de ello, nos coloca en gratitud.

Pregúntate a qué viniste, no viniste a padecer la vida, ni para darle vuelta a un pensamiento fastidioso en tu cabeza durante todo un día, imposibilitándote ver todas las opciones frente a ti… Viniste a vivir a plenitud, a apreciar, a aprender, a disfrutar, viniste a ser feliz y sin duda entender que no tenemos un tiempo ilimitado para ello, nos permite ser un poco más cuidadosos con lo que decidimos ser y hacer.

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com

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Sara Espejo

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