La decepción no mata, enseña

La decepción no mata, enseña
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Dichoso aquel que no ha sentido su corazón quebrarse en mil a causa de una decepción. El hecho de resultar lastimados por alguna de nuestras personas amadas, nos genera una herida muy profunda, que muchas veces sentimos que nos quita la vida misma…

Pero no, no morimos de decepción, nos rompemos por dentro, se nos cae el mundo, nos cambia la manera de pensar, de ver a quien amamos y nos cuestionamos muchas cosas que antes dábamos por sentado.

Seguimos vivos, a veces tardamos un poco en darnos cuenta de que no morimos, porque nos sentimos tan devastados que nada importa ya… Pero normalmente nos recuperamos, con heridas que se vuelven cicatrices, que nos acompañarán siempre.

Cuidar las heridas sin esconderlas

No tenemos que ir por la vida mostrando las heridas, pero tampoco hace bien esconderlas, en especial detrás de armaduras que nos protejan de cualquier futura daga. Porque esto siempre trae efectos colaterales, las heridas no terminan de curarse y adicional a protegernos de futuras decepciones, nos bloqueamos ante lo bueno que pueda llegar a nosotros. Luego nos decepcionaron en algún momento y nosotros decidimos castigarnos por tiempo indefinido.

Debemos aprender, pero sin generalizar, sin pretender que ahora lo sabemos todo, sin esperar ahora nada bueno. Está bien dejar de lado las expectativas y permitir a los demás ser, de cualquier manera la decepción solo ocurre cuando esperamos algo de alguien. Debemos salir mejores personas, con más conocimientos, con mejor manejo de nuestras emociones, con mayores herramientas para conocer a los demás e incluso para salir de una situación dolorosa.

No debemos salir inaccesibles al amor, ni con espíritu de venganza y mucho menos con limitaciones al momento de creer en los demás, bien sea en la persona que nos decepcionó, como en el resto de personas que tengan relación con nosotros. En la vida atraemos aquello que vibra con nosotros, es imposible apartar el tema de la creación de cualquier cosa que nos ocurra.

Luego no hablaremos de que el hecho de que nos decepcionaran lo hemos atraído o creado, que es así, pero nos enfocaremos en la actitud que tendremos de ahora en adelante. Si nos centramos en desconfiar, la vida nos dará como siempre la razón y nos toparemos con una y muchas más decepciones a lo largo del camino, porque será lo que creeremos que ocurrirá y esa certeza contribuye a que de la vida nos complazca… No con lo que queremos, sino con lo que tenemos la certeza de que ocurrirá.

Dale tu propio sentido a aprender

Entonces, aprender no significa lo mismo para todos. Es común escuchar: yo ya aprendí y no me enamoro más; yo ya aprendí y no muestro lo que siento; también podemos oír: yo ya aprendí y antes que me la hagan, la hago… Luego, no estamos aprendiendo herramientas que realmente nos favorezcan. Satisfacen al ego en todo caso, pero no nos harán sentirnos mejor y mucho menos contribuirán a que tengamos una vida más feliz, llena de las mejores experiencias.

Seamos cuidadosos con lo que adoptamos, porque muchas veces pensamos que estamos haciendo una gracia alejándonos de nuestra esencia y lo que estamos es sentenciando nuestro destino.

Las decepciones duelen, marcan, dañan, pero procuremos no cargar con los efectos por el resto de nuestras vidas, no le demos más importancia de la que amerita, no le demos mayor cabida en nuestras vidas. De cualquier manera en las relaciones interpersonales, siempre terminamos decepcionados o decepcionando. Simplemente porque todos hacemos las cosas pensando que es lo mejor que podemos hacer, lo que nos lleva a nuestra felicidad, pero en esa dirección podemos llevarnos por el medio a personas que nos quieren, que están esperando que seamos diferentes o actuemos de otra manera.

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com


Sara Espejo