No podemos movernos al final de la fila…

No podemos movernos al final de la fila…

Esto lo escuché recientemente y me hizo querer compartir con ustedes esta reflexión acerca de la vida misma…

Desde que nacemos de forma voluntaria o no, nos colocamos en diversas filas: la fila de asistir a la escuela, la fila para encontrar la felicidad, la fila para sentirnos parte de algo… Muchas, muchas filas, de ellas nos salimos, volvemos a entrar si queremos, pero hay una en particular que no permite variaciones.

Nunca sabemos qué posición estamos ocupando en esa fila, sin embargo, sí tenemos plena seguridad de que llegaremos a la posición en la que decimos esto fue todo… y ésta no es otra que donde nuestra vida acaba, donde no hay más.

La incertidumbre puede a veces perturbarnos un poco, el saber que hoy estamos y mañana no sabemos, es un pensamiento paralizante o muy motivador… En realidad yo, con todo y que tengo fuertes creencias que me hacen pensar en la muerte física como una fase transitoria, en donde solo abandonamos nuestro cuerpo para prepararnos para otra experiencia quizás similar a ésta, pues no puedo negar que me asusta la idea de pensar que pueda ser yo la próxima o alguno de mis seres amados.

Más allá de lo que representa la muerte para cada uno, la idea de que saber que es un hecho inevitable y muchas veces sorpresivo, nos debería servir como el combustible necesario, como el recordatorio ideal para vivir cada día con propósito, con intención, con ganas, dando lo mejor de nosotros.

Eso de vivir cada día como si fuese el último, pues en lo particular no me tranquiliza, ni me motiva, creo que sentiría una angustia que me superaría. Pero el estar conscientes de la muerte, de su inevitable poder de acción, en todas las vidas, las nuestras, las de las personas importantes de nuestras vidas, sí considero que debe ser utilizado para hacer que cada momento cuente, que cada acción sume.

Si piensas en alguien que amas y te imaginas que le queda muy poco de vida, ¿qué querrías hacer? Yo creo que buscarías acumular recuerdos maravillosos, generar las mejores experiencias a su lado, demostrarle tu afecto, hacerle saber qué tan importante es su presencia en tu vida. Dejarías atrás los rencores, los defectos te parecerían pequeños, no hicieras nada que lo lastimase… Y ¿cómo saber cuánto de vida le queda a esa persona amada?… No podemos saberlo (en la mayoría de los casos), pero ¿qué tal si actuamos como si supiésemos que ese final nos puede sorprender en cualquier momento?

“Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder.” Steve Jobs

Creo que la consciencia de la muerte nos permite alejarnos de la postergación, del miedo a salir o expandir nuestra zona de confort, de las posiciones rígidas, de la actitud de no atrevernos, del ser demasiado cuidadosos… Creo que el saber que vamos a morir es una invitación a vivir intensamente.

¡Pero todos sabemos que vamos a morir! Y ¿hasta qué punto usamos eso a favor? No se trata de: voy a preparar esta cena especial hoy porque puedo morir mañana, voy a jugar con mis hijos ahora, porque ellos o yo podemos morir en cualquier momento, voy a dejar de preocuparme por esto que no aporta nada a mi vida, porque no quiero gasta mis últimas horas y pensamientos en ello…

No se trata, ¡pero a la vez sí! La muerte no debe convertirse en tu sombra y no vas a estar mirando a cada rato a tus espaldas a ver si ya te va a tomar. Pero sí nos puede ayudar a valorar cada instante, hacer de cada momento algo especial, decir palabras bonitas, perdonar con prontitud… Se trata de que nos importe menos en qué posición de esa fila estamos, porque hemos hecho que cada momento valga la pena… De cualquier modo, nunca podemos movernos al final de la fila…

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com


Sara Espejo

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