No puedes comenzar un nuevo capítulo si te dedicas a releer el último
Pues es simple, no podemos avanzar si nos quedamos explorando, buscando y/o contemplando en lo que debemos dejar atrás.
Casi siempre sabemos cuándo algo dio lo suficiente, en ese “casi”, se va a esperanzar más de uno, para no dar cambio de hoja. Sabemos que no importa lo que leamos, lo que digamos, lo que escuchemos, somos proclives a quedarnos bastante más de lo que deberíamos en sitios que desde hace mucho sabíamos que resultaban inconvenientes.
Eventualmente algo se activa, parece un botón que nos dice: Hasta acá. Hasta que eso no pase, podremos hacer intentos, podremos alejarnos, podremos intentar darnos una oportunidad en otro lugar, pero vamos a recaer. Buscaremos ese sitio que por más incómodos que nos sintamos en él, lo sentimos nuestro.
Cabe resaltar que en todo ello hay una cantidad de tiempo invertida, que un poco más adelante podemos llamar, tiempo perdido. Porque a fin de cuentas sabemos lo que pasará, quizás por ese mismo convencimiento y la expectativa negativa de lo que ocurrirá es que no le damos paso a otra realidad.
Pero mientras cada quien no establezca su propia necesidad de cambio, para sí mismos y para el otro, los resultados serán predecibles y quedarnos releyendo una historia es una manera tonta y frecuente de limitar lo que podríamos vivir.
Dejar de mirar hacia el pasado comienza por una decisión
No importa lo que haya ocurrido, si lo dejamos en el pasado, quedamos libres de crear algo nuevo. Pero para ello es necesario deslastrar nuestra mente de todo lo que no nos hizo bien en ese pasado. Todo esto para comenzar a vibrar de una manera diferente y atraer a nuestras vidas experiencias distintas, que estarán siempre alineadas con lo que irradiamos.
Estás a una decisión, deja de mirar un pasado que ya te conoces de memoria, ya ocurrió, solo lo puedes distorsionar con los efectos especiales de tu mente. El pasado está allí para fines prácticos, para ver un mapa y mirar a dónde nos puede llevar, para hacernos fuertes y experimentados, pero no para verlo como si de una película se tratara.
La vida es corta, no le podemos dedicar una gran cantidad de tiempo a no avanzar. Sí podemos tomarnos una pausa, vivir un duelo, lamentarnos, culparnos, perdonar y perdonarnos, pero no engancharnos perpetuamente en alguna de nuestras experiencias. Ni siquiera si se trata de la que consideramos más trascendental en nuestras vidas.
La aceptación como etapa fundamental del proceso de crecimiento
Debemos aceptar que no siempre las cosas resultan como quisimos o como planeamos y que debemos hacer un esfuerzo en dar pasos para alejarnos de aquello que resultó no siendo. Y no debemos lamentarnos, porque a veces esas experiencias de las que salimos frustrados, son las que nos preparan para aquellas con las que vale la pena terminar el resto del libro…
No importa lo que pase, tú siempre da lo mejor de ti, nunca sabes si esta es la experiencia que te prepara a las siguientes o si e}ésta es la que a veces llaman “para siempre”. Suena muy romántico, ¿verdad?, pero no deja de ser una recomendación práctica, que unida a: aprende a cerrar los capítulos en tu vida y no te tomes mucho tiempo releyéndolos, nos lleva por un camino con menos estancamientos y con mayor fluidez, donde seguro podremos sacar el mayor provecho a esta experiencia.
Hay mucho por escribir, como para ponernos a releer. Tenemos un montón de hojas en blanco, esperando ser llenadas de nuevas aventuras, sonrisas, encuentros, amores, soledades… Todo, todo lo que escribamos sumará a nuestra experiencia vital… solo cuando dejamos de escribir y nos dedicamos a leer es que dejamos de vivir.
Por: Sara Espejo – Reencontrate.com
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