No importa la edad, la pérdida de una madre nos marcará para siempre

No importa la edad, la pérdida de una madre nos marcará para siempre

El amor de madre puede ser el más sublime y a la vez más intenso que cualquier ser humano pueda recibir. Podría decirse que éste es el único amor realmente incondicional, donde normalmente somos amados incluso antes de vernos.

A nadie en el mundo, le importamos más que a nuestra madre, en ella nos formamos e independientemente de la edad o de las circunstancias, sus brazos resultan ser siempre el lugar donde nos podemos sentir más seguros y amados.

Las relaciones con la madre no son usualmente esas historias fabulosas donde nunca hay discusiones, donde una voz dulce y melodiosa se escucha dándonos los mejores consejos, mientras unas galletitas con alguna bebida caliente se acercan para consentirnos. Aunque sí hay muchas madres que encajan en esta descripción, las madres menos soñadas, llevan relaciones con sus hijos que incluyen mucho amor, pero a la vez pueden estar cargadas de tensión, de expectativas, de exigencias, de controles, de ausencias…

Pero cuando estas mujeres se van… Cuando una madre nos deja, es que normalmente podemos apreciar lo que representaba para nosotros. La sensación que deja el vacío de su presencia es imposible solventarla.

Es lógico y le llamamos ley de vida, que los hijos veamos marcharse a los padres, pero por más agónico que sea el proceso de despedida, por más argumentos que se tengan para preferir que ellos estén en otro plano, al encontrarnos frente a ese momento nos damos cuenta de que no estamos, ni estaremos nunca preparados.

Nuestra madre representa uno de nuestros pilares, nuestro primer gran amor, quien nos mostró un camino y nos dictó un ejemplo. A medida que crecemos nos podemos volver jueces de nuestra madre y/o nuestro padre y hacer críticas y reclamos, pero cuando ya no están, es como si algo nos iluminara y entendiéramos mucho más cada una de sus acciones.

Perder a cualquiera de nuestros padres debe ser un dolor muy similar. En lo particular he perdido a mi madre y no hay un solo día que no la piense, que no trate de encontrarla en cualquier cosa, en una canción, en una comida, en una frase… Incluso suelo repetir su voz en mi mente con mucha frecuencia, porque temo olvidarla… Algo me dice que eso nunca ocurrirá, sin embargo, ese miedo existe en mí.

Cada edad tiene una razón para afirmar que se trata de la peor para perder a una madre. Un bebé que tenga que crecer y caminar por la vida sin haber sentido la protección y el amor de su madre, prácticamente ha iniciado su trayecto con mucho en su contra.

Un niño que acostumbrado al calor maternal, sin entender con claridad la separación que trae consigo la muerte, puede tener un punto de quiebre ante ese evento.

Un adulto, que ya ha llegado a entender a su madre, a conocerla, sin considerarla ya su proveedora de atención y afecto, debe enfrentarse con el vacío de perder a su madre y a su amiga…

La vida no vuelve a ser igual, quizás tenemos una responsabilidad menos que cubrir, pero tenemos un afecto menos que atender, probablemente el más importante. Nunca hacemos lo suficiente como hijos ante ese ser que se prestó para ser ese perfecto canal a través del cual llegamos a esta vida. Nunca podremos demostrar tanta gratitud, nunca podremos devolver tanto amor… Y nos hacemos realmente conscientes, cuando efectivamente se nos ha acabado el tiempo, cuando esa madre ya no está.

Si aún tienes a tu madre contigo, no dudes en dedicarle tiempo, en atenderla, dile cuánto le amas y lo agradecido que estás de haber pactado con ella esta experiencia. Sujeta su mano las veces que lo necesite. Trata de retribuirle el amor que te ha dado. Dile que para ti ha sido la mejor y que la seguirás amando más allá de la vida. Dile todo lo que se te ocurra que le alimente el alma, porque una vez que se marcha, no tenemos la certeza de que nuestras palabras puedan ser de alguna manera escuchadas.

Y si ya no está, hónrala cada vez que tengas oportunidad y mantén la idea de que las almas que se aman, van unidas hasta la eternidad.

Por: Sara Espejo  – Reencontrate.com


Sara Espejo

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