Si amas a alguien, no llenes sus días de inseguridades

Si amas a alguien, no llenes sus días de inseguridades
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Hay una gran variedad de personalidades con las que podemos toparnos a lo largo de nuestro camino. Algunas de ellas necesitan un tanto más de su mundo exterior para sintonizar con su propio bienestar y no potenciar sus inseguridades.

Evidentemente a estas personas les corresponde hacer un trabajo interno que les permita encontrar lo que pretenden que otra persona les ofrezca.

Al igual que la felicidad, la prosperidad, la seguridad, no es algo que deba depender de alguien más, deben ser estados a los cuales cada uno tenga acceso por sus propios medios y esto sea independiente de las acciones u omisiones de los demás.

Más allá del deber ser, sabemos que hay personas que se destacan por la incapacidad de ofrecer a sus parejas tranquilidad, paz, seguridad y éstas pueden verse afectadas por las acciones y los movimientos del otro.

Cómo te afectan las acciones de los demás

Cada quien puede ser como quiera ser, cada quien es libre de ello. Sin embargo los derechos propios tienen una frontera con los derechos de los demás. No puedo ir por la vida actuando como mejor me parezca, si con lo que hago estoy dañando a alguien más, en especial a alguien que me ama y quizás yo ame.

Hay conductas que dañan, lo sabemos bien. Si yo te engaño, si te soy infiel, si te miento, si te oculto información… Estoy atentando contra la confianza base de la relación, puede ser que no te enteres, pero con el solo hecho de dirigir mis energías en otra dirección, ya te estoy dañando.

Muchas veces luego de un engaño descubierto o ante la sospecha de su existencia, las personas suelen sensibilizarse, se quedan allí, pero mantienen un estado de alerta permanente, presumen que algo está ocurriendo a sus espaldas, e incluso invierten sus energías en buscar los indicios necesarios que le ayuden a despejar sus dudas.

Evidentemente a nivel de atracción vivir a la defensiva o esperando lo peor de la pareja, es totalmente contraproducente. Mientras más nos resistimos, mientras mayor enfoque le damos a algo, más fuerte y notoria será la fuerza con la que atraigamos esas experiencias a nuestras vidas.

Si ha ocurrido un engaño o por algún motivo desconfiamos puntualmente de nuestra pareja (y digo puntualmente, porque si es una creencia generalizada en cuanto a las parejas, el trato es diferente) y aun así decidimos continuar en la relación, lo peor que podemos hacer es tomar una actitud de paranoia… porque la vida siempre nos da la razón, ella siempre juega a nuestro favor y nos guste o no, nos dará más de lo que predomine en nuestra mente.

Identificando motores

Ahora bien, desde la otra cara de la moneda, está la persona que no es capaz de ofrecer seguridad a través de sus acciones. Esta persona debe preguntarse varias cosas:

  • ¿Realmente ama a su pareja?
  • ¿Pretende una construcción de una relación sobre pilares estables?
  • ¿Le gustaría que su pareja se comportara como el suele hacerlo?
  • ¿Ha establecido acuerdos de exclusividad?
  • ¿Es capaz de establecer límites claros a terceras personas?
  • ¿Siente algún tipo de inseguridad que deba reforzar por la alimentación de su ego?
  • ¿Se encuentra en la necesidad de lastimar a quien le ama?
  • ¿Su ego se regocija ante las muestras de inseguridad que le da su pareja?
  • ¿Se compromete en sus relaciones?
  • ¿Le han engañado en el pasado?
  • ¿Tiene alguna experiencia de abandono?
  • ¿Cuál fue su modelo familiar?

Si la persona responde honestamente, quizás encuentre el origen de la poca capacidad de ofrecer paz a su pareja. De cualquier manera nada ocurre por casualidad, cada parte en una relación está aprendiendo algo, está sanando algo y solo el traerlo a la luz, hará que se corten los posibles patrones y se abra paso a una relación más sana, comprometida y madura.

Ama siempre como te gustaría que te amasen, sé tan leal como te gustaría que fuesen contigo y sé siempre como la persona con la que te gustaría encontrarte.

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com

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Sara Espejo

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