7 Consecuencias de crianzas perjudiciales

7 Consecuencias de crianzas perjudiciales
Comparte

Lamentablemente como padres siempre tendremos la posibilidad de generar heridas en nuestros hijos a través de la crianza que le propinemos. Evidentemente, la mayoría estamos tratando de hacer lo mejor posible, sin embargo, ese “tratar” , a veces no resulta suficiente para no generar daños en mayor o menor medida en la vida de los hijos.

Hay muchos estilos de crianza perjudiciales para los niños, pero acá más que enfocarnos en estas maneras particulares de criar, queremos resaltar las consecuencias de esas maneras de formar a los hijos, que resultan en términos generales, dañinas.

Consecuencias de crianzas perjudiciales:

Adultos que no saben amar:

Es difícil que una persona que estuvo sometido en su niñez a la ausencia de afecto, inclusive al maltrato, al condicionamiento del cariño, al chantaje emocional, se convierta en un adulto que puede amar y demostrar ese sentimiento sanamente. La casa es la que otorga los principios del amor, del dar y recibir, del respeto y del apoyo mutuo. Un niño amado, se sanamente se convierte en un adulto que sabe amar.

Patrones de crianza:

Lastimosamente cuando no tenemos mayor referencia que lo que vivimos, nuestra crianza, la que recibimos, la podemos repetir como padres, traspasando de una generación a otra la manera de ver el mundo y muchas veces propinando las mismas heridas que recibimos. A veces pasa que estamos rotos y ni siquiera lo sabemos. A veces desconocemos tanto de lo bueno, que lo que no lo es, nos encaja perfectamente y somos capaces de replicarlo sin mayor recelo.

Adultos inseguros:

Un niño que no recibió la debida valoración y reconocimiento durante su infancia, e inclusive fue víctima de burlas, de descalificaciones, de chantajes, muy probablemente irá por la vida, buscando lo que no recibió, aprobación, reconocimiento y normalmente procurará vivir para demostrar a los demás, en lugar de satisfacerse a sí mismo. La inseguridad también puede derivar de una crianza sobreprotectora, donde el niño no asuma responsabilidades de ningún tipo y no llegue nunca  a sentirse apto de valerse por sí solo.

Infancia no disfrutada:

La infancia es una etapa crucial en el desarrollo del ser humano, el crecer en un ambiente castrante, en el cual no se respeten la inocencia, los sueños, la curiosidad de un niño, limita el disfrute y el provecho que se debe obtener de este período de vida. Todo niño merece tener una introducción de vida que le aporte las herramientas y las bases que le permitan desempeñar su vida de forma exitosa.

Dificultad para generar lazos personales:

Si los nexos naturales han resultado perjudiciales, los que se van eligiendo, tienden a llevar una secuela de esas primeras relaciones con los principales afectos (madre, padre, hermanos, etc). Una persona aprende a relacionarse en casa con su familia, colocando como pilares lo que cada dinámica permita, luego de a poco se va introduciendo el individuo en diferentes ambientes y la interacción y creación de nexos con los demás, estarán marcados por la dinámica familiar y lo fomentado en el hogar.

Adultos irrespetuosos:

Si un niño se forma en un ambiente irrespetuoso, bien sea siendo víctima del irrespeto de forma directa, o bien presenciándolo en los integrantes de la familia, tendrá una visión distorsionada de lo que debería ser e irá formándose una idea equivocada del trato que debería recibir cada quien en la familia, traspasando esto a sus relaciones futuras.

Adultos extremadamente competitivos:

Los niños que han estado expuestos a ambientes competitivos, en especial los que se han desarrollado con patrones de comparación entre hermanos, primos, etc., suelen manifestar constante espíritu de competencia, de querer resaltar y de llevarse de alguna manera la medalla de su desempeño, especialmente si hay otros competidores en el campo de batalla, así resulten tales en la imaginación.

Asumir nuestras responsabilidades como adultos

Con esto no queremos justificar la conducta de ningún adulto, porque a fin de cuentas no podemos hacer nada para cambiar la crianza que recibimos, pero como adultos somos responsables de lo que hacemos con ello. Cada uno de nosotros tiene la posibilidad de generar los ajustes que considere necesarios.

Es sencillo quizás achacarle a nuestros padres la responsabilidad de nuestros fracasos, de nuestra dependencia afectiva, de nuestra incapacidad de desarrollarnos y de vincularnos afectivamente de formas sanas con los demás. Resulta más fácil que lo que no nos ha resultado bien, tenga un nombre diferente al nuestro. Pero para bien o para mal, la responsabilidad de los padres tiene un alcance y la fecha de caducidad la podemos definir nosotros.

Evidentemente lo más sano para todos es haber sido criados de una manera tal que no tengamos heridas o daños considerables que reparar. Es deseable que: el abandono no haya sido un factor determinante, el amor haya estado siempre presente, se haya fomentado un ambiente sano y saludable, se le haya dado a cada quien responsabilidades ajustadas a sus edades y se hayan respetado las primeras edades de un niño, sin duda será lo más conveniente para él y para quienes interactuarán con él en todas sus etapas.

Procuremos sanar las heridas del pasado y cada vez que veamos a alguien actuar, entendamos que aun cuando hay cosas que ya solo le pertenecen, esa persona lleva consigo una maleta de cosas que quizás no sabe poner en orden y quizás desde una edad en la que ni siquiera le resultaba posible cargarla.

Que todas tus relaciones sanen.

Imágenes cortesía de: Nicoletta Ceccoli

Por: Sara Espejo – Reencontrate.com


Sara Espejo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *