Sanar nuestro niño interior

Sanar nuestro niño interior

¿Has oído hablar alguna vez de nuestro niño interior? Todas las personas tenemos un niño en nuestro interior que es el que nos mantiene con ganas de vivir y afrontar las dificultades.

Todo lo que nos aconteció durante nuestra infancia tendrá repercusión en nuestra vida adulta. Muchas veces las heridas de nuestra niñez se manifiestan de distintas formas a lo largo de nuestra vida si no las hemos sanado.

Por ello, es muy importante conocer cuáles son para poder sanarlas y mejorar nuestra autoestima y la relación que tenemos con las demás personas.

Nuestra conducta tiene que ver mucho con las cosas que vivimos en nuestra infancia, si no las hemos sabido canalizar, seguramente estas nos terminarán dañando de una u otra forma más adelante.

Acércate a tu niño interior

La etapa de la infancia es muy importante. ¿Recuerdas cómo fue la tuya? Seguramente, te encontrarás con cosas buenas y malas. Y seguramente también comprenderás ciertas cosas que por tu inocencia no pudiste en el momento.

Acercarse al niño interior es el primer paso para sanarlo. ¿De qué manera puedes acercarte? Hay muchas formas y te mostramos una de las más recomendadas por los especialistas.  

  • Recuérdate a una edad específica. 6, 7 u 8 años. Trata de visualizar exactamente como eras, que programas veías, que cosas te gustaban, cómo era tu escuela. Si tienes una foto mucho mejor, obsérvala y detalla tu rostro, tu ropa, tu mirada.
  • Imagínate en tu cuarto de entonces. Estás allí solo, sentado, leyendo, jugando. Cualquier cosa que te haya gustado hacer en aquel entonces.
  • Ahora, sin perder la imagen de tu niño en la habitación. Imagínate tu yo de ahora entrando al lugar y encontrándote con ese niño.
  • Ahora piensa ¿Qué le dirías a ese niño? Además, ¿Cómo lo has encontrado? Está triste, temeroso, o por el contrario está alegre y esperanzado. Dile cualquier cosa que quieras decirle, es la oportunidad de encontrarte con el niño que fuiste.

Acercarse al niño que fuiste y hablarle, abrazarlo, consolarlo y aceptarlo hará que las heridas que pudo haber tenido comiencen a sanar y dejen de manifestarse en tu vida adulta. Los cambios serán muy notorios tanto para ti como para las personas que están en tu entorno.

¿Qué sigue después? ¡Alégralo! Recuerda que te gustaba hacer, a dónde te gustaba ir, qué te gustaba comer, que persona deseabas ver siempre en esa etapa. Ahora tu yo adulto puede complacer todos los deseos e ilusiones de tu yo niño.

Para finalizar el ejercicio, toma tu niño de la mano y déjalo nuevamente seguro en la habitación donde lo encontraste. Háblale con amor y comprensión y dile que nunca estará solo, que siempre estarás para él.

A muchas personas les saltan las lágrimas con este ejercicio pues tiene una gran carga emocional.

Recordar como fuimos de niños nos acerca a nuestros propios miedos, heridas y alegrías. Esto nos ayuda a comprender nuestra conducta y nuestros actos ya en nuestra vida adulta.

No te reprimas

Luego de haber realizado el ejercicio sanador debes complementarlo con ciertas acciones. Quizá la más importante sea no reprimirte.

¿Has visto personas que hacen lo que desean sin importar el miedo al qué dirán? Esas personas han conseguido sanar su niño interior y saben que los seres humanos necesitamos un poco de la inocencia de nuestra niñez para que nuestra vida sea más alegre.

No por ello debes considerarte una persona inmadura. El hecho de complacerte si quieres jugar videojuegos o ver una película infantil no te hace menos maduro. Por el contrario, te hace una persona con la suficiente madurez como para saber que estás en la libertad de hacerlo y que le hace bien a tu niño interior.

El poder del perdón para lograr la sanación

Seguramente, cuando hiciste el ejercicio de visualización de tu niño interior te saltaron varios recuerdos dolorosos. La idea no es que te quedes con ellos y te llenes de rencor y resentimiento.

Los seres humanos somos muy complicados en muchos sentidos y herimos a los demás a veces incluso sin darnos cuenta.

El perdón es fundamental para poder sanar tu niño interior y en consecuencia tu vida emocional adulta. Si alguien te hizo sentir mal o te causó algún daño, es hora de perdonar.

Lo que pasó ya pasó. Deja en el pasado aquellos malos recuerdos pues no es sano para ti. Perdona con la sabiduría de quien ha comprendido que todos tenemos fallas y que la vida viene sin instrucciones.

Además piensa que cada cosa que has vivido, buena y mala, es lo que te ha llevado al lugar en el que estás ahora. ¿No es el lugar en donde quieres estar? ¿Las condiciones son pésimas? Está bien. Ya lo has reconocido pero es hora de cambiar.

Mantener rencor y odio solamente te dañará a ti. Recuerda que le has prometido a ese niño que lo vas a cuidar y debes cumplirle por encima de las circunstancias y perdonar es la mejor forma de comenzar.

Céntrate en lo bueno

Las cosas buenas que te sucedieron durante tu niñez, los afectos que tuviste, los sueños que tenías, son material suficiente para que la recuerdes como la mejor de las etapas.

Los seres humanos, por lo general, nos centramos solo en las cosas malas que nos han pasado, pero ¿Y lo bueno? Eso también cuenta y mucho.

Cada vez que recuerdes un buen momento de tu niñez agradécelo. Agradece a la persona que te enseñó a leer y a escribir, agradece a quien te preparaba la comida, agradece a quien se preocupaba por ti, agradece a quien te cuidaba cuando estabas enfermo.

Agradece en silencio y verás que te conectarás con la energía creadora desde uno de los sentimientos más nobles que poseemos los seres humanos: La gratitud.

Ahora ya tienes varias herramientas para que sanes tu niño interior. Ponlas en práctica cada vez que lo consideres necesario y verás cómo vas experimentando una transformación positiva en tu vida emocional.


Luis Contreras

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *