Enojado no resuelves nada… Solo empeoras las cosas

Enojado no resuelves nada… Solo empeoras las cosas
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El enojo o la ira suele ser la principal causa de destrucción de nuestras relaciones. Pero, ¿te has preguntado de dónde proviene este sentimiento? ¿por qué en ocasiones suele dispararse de manera fácil y rápida en nosotros?

En primer lugar, este surge como respuesta de una de las partes más primitivas de nuestro cerebro. Algo que muchos estudiosos del cuerpo humano denominan: “sistema límbico”.

Por ejemplo, cuando te sientes en peligro, tu primer instinto será huir o correr; sin embargo, cuando no ves la posibilidad de correr, o no se te permite huir, lo que vas a hacer es pelear.

Lo mismo ocurre cuando sientes que alguien es injusto contigo, o cuando te sientes inseguro o incómodo por algo que esa persona está haciendo. Empezarás a decir: “Esto no está bien” o “Esto es injusto”; y comenzarás a reclamar o pelear.

Pelear o reclamar

Seguramente te estarás preguntado…

¿Podemos controlar el enojo o la ira?

Sí… ¡Claro que se puede!

Si somos capaces de dominar o controlar nuestra mente, todo cambiará, ya que empezaremos a responder de forma más inteligente. Con esto, dejaríamos de ser personas impulsivas o que simplemente reaccionen por reaccionar. Y empezaríamos a ser personas más coherentes, que resuelven las cosas con inteligencia y respeto.

Ahora bien, para controlar el enojo, lo primero que tenemos que hacer es entender de dónde viene, es decir, cuál es su procedencia.

Al principio, dijimos que es el resultado de una respuesta primitiva. Pero, además de eso, el enojo tiene tres etapas principales:

  1. La etapa de furia: aquella que sucede cuando decimos cosas que no queremos y actuamos de manera incontrolada.
  2. La etapa de justificación: aquella en donde nos convencemos a nosotros mismos de que lo que hicimos fue lo correcto.
  3. La etapa de arrepentimiento: aquella donde simplemente nos arrepentimos de lo que dijimos o de lo que hicimos.

Cuando se llega a esta última etapa, muchas de nuestras relaciones se han roto o se ven afectadas.

Por medio de esta lectura, buscamos que obtengas conocimiento de algunas de las formas que hay para tomar control del cerebro y poder dominar ese sentimiento de enojo o ira. Así pues, si tienes problemas recurrentes con este sentimiento, presta atención a lo que debes hacer:

1. Respira

¡Así es!… Lo primero que hay que hacer es respirar.

Hay una frase que muchos practicantes de yoga usan y dice así:

La mente controla el cuerpo, pero la respiración controla la mente.

Cuando nuestro cerebro siente que estamos respirando lenta y profundamente, interpreta que estamos intentando tranquilizarlo. Entonces empieza a apagar partes del sistema límbico; en específico, nuestra amígdala cerebral: la encargada de liberar toda clase de químicos que nos hacen sentir estrés, peligro o ira. Entre estos químicos están el cortisol y la adrenalina, que son los que provocan el enojo en nosotros.

Por lo tanto, un ejercicio beneficioso en muchos aspectos, consiste en respirar lenta y profundamente, las veces que sean necesarias.

Por ejemplo, puedes inhalar aire por un tiempo de 4 segundos y exhalar por un tiempo de 6 segundos, varias veces. Eso sí, como bien se indicó, lenta y profundamente.

Respirar

Y a lo mejor estarás pensando que esto es difícil de hacer cuando realmente se está enojado. Sin embargo, vale la pena intentarlo, ya que no solo obtendrás el dominio mental, sino que esto te permitirá relajar tu cerebro y pensar o actuar con más racionalidad.

2. Analiza

Si pudiste llevar a cabo el paso anterior, pregúntate ahora lo siguiente: “¿Por qué estoy enojado?”.

En caso de que alguien te haya provocado ese sentimiento negativo, pregúntate ahora: “¿Por qué me hicieron enojar?”.

Por último, también pregúntate: “… las razones que provocaron este malestar, ¿son ciertas?

Analiza la situación a partir de lo anterior y estoy seguro, tu cerebro te dará una respuesta… y no cualquier respuesta, sino una respuesta lógica y racional.

Probablemente, termines dándote cuenta de que cada cabeza es un mundo. Y que, así como nosotros somos el protagonista de nuestra propia historia, la otra persona, con quien estamos confrontando, también es la protagonista de su propia historia.

Esa persona va a defender sus creencias y actuará según su educación, sus valores o lo que ha aprendido en la vida. Así que, no puedes tomarte tan a pecho su reacción o lo que haya dicho, como si fuese un ataque en contra tuyo.

Ten presente una cosa… Si puedes analizar bien la razón del conflicto o aquello que te causa molestia y malestar, sin necesidad de explotar, podrás abrirte a otras posibilidades. Esta es otra forma útil de tomar control de tu cerebro.

3. Escribe

Antes de que digas algo que pueda herir o lastimar a alguien más, toma calma y escribe. Esta es una técnica muy útil y sirve como una manera de desahogarse.

Escribe lo que sientes por esa persona o por la situación acontecida. Escríbelo y detalla absolutamente todo. Expresa lo que quieras, lo que sientas o lo que pienses.

Una vez hayas lo hayas realizado, procede a leer lo que escribiste.

¿Quieres decirle a esa persona todo lo que has escrito?, pues hazlo…

Si no, espera un par de horas y nuevamente lee lo que escribiste… ¿aún se lo quieres decir?

Probablemente, no querrás decírselo, pues habrás entrado en la etapa del arrepentimiento, donde el enojo ya pasó. Más bien, cuando vuelvas a leer lo que escribiste, entrarás en consciencia y posiblemente te preguntarás: “¿Ese era yo?!”.

Escribir

Esto último, te servirá de mucho para reflexionar sobre tu actitud y tu forma de reaccionar. Y, por supuesto, para prevenir comportamientos que puedan ser nocivos tanto para ti como para los demás.

Por último, recuerda esto…

Reclamarle a alguien bajo un estado de ira o enojo, es lo peor que puedes hacer. Es quizás lo más estúpido, pues no conseguirás nada positivo con ello. Si algo no estaba bien en un principio, cuando reclames, grites o maltrates verbalmente a alguien, la cosa se volverá peor. Ya lo decía Arthur Schopenhauer en una frase:

La cólera no nos permite saber lo que hacemos y menos aún lo que decimos.

Si estás enojado, detente un momento y piensa cuáles son las opciones que tienes para evitar el conflicto. Y sí, reclamar puede ser una opción, pero también hay muchas otras opciones, como: hacerte a un lado, pedir que te escuchen un momento, dialogar, esperar a que el momento de tensión baje y luego volver a conversar… hay muchas otras cosas que puedes hacer para evitar que ese sentimiento negativo haga de las suyas contigo.

Ahora bien, si para ti este un problema extremadamente recurrente y sientes que necesitas ayuda más profunda, no dudes en buscarla. Esa también es otra opción o posibilidad. Lo importante es que te enfoques en tu bienestar y no dejes pasar por alto lo que sientes…

¡Mis buenas vibras para vos!… ¡Y un saludo cordial!

Por: Adrian Alberto ∼ reencontrate.com


Adrian Alberto

Ingeniero de telecomunicaciones | Escritor y emprendedor digital | Me agrada leer, estudiar e investigar sobre temas de Psicología y Espiritualidad | Aprendiz de SEO y Desarrollo Web | IG: AdrianAlbertoOk

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